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Unos días después de que terminara la temporada de pasarela masculina primavera 2026, en las calles de París se vieron dos escenas que llamaron la atención. La primera: un hombre saliendo de una tienda vintage de la Rive Gauche con pantalón sastre gris y unas chanclas Havaianas blancas. La segunda: otro hombre en una parada de autobús con un traje de oficina impecable y corbata, pero con la corbata anudada al revés, dejando la etiqueta hacia afuera. Fue de esos detalles que hacen que cualquiera se quede mirando un segundo más.
La conclusión parecía clara: la moda estaba recuperando pulso. Al inicio de los desfiles masculinos de primavera 2026 se comentaba que, en ese momento, la moda no estaba “marcando” tanto como antes. Muchas marcas se habían acomodado durante demasiado tiempo y habían dejado de ofrecer la originalidad y la inspiración que el público busca. De ahí la caída de ventas y el movimiento de directores creativos en varias casas de lujo. Sin embargo, Milán y París se sintieron como una celebración grande y enérgica del estilo personal, gracias a diseñadores que respondieron al momento con propuestas de sastrería y ropa masculina capaces de volver a encender el entusiasmo.
Uno de los temas más sonados de la temporada fueron las sandalias tipo “mandal”. Incluso hubo quienes se animaron a probarlas para entender el revuelo. Por eso no sorprendió ver en París a alguien que parecía salido directamente de la pasarela de Auralee, donde Ryota Iwai combinó pantalones elásticos de lana tropical con chanclas brillantes. Aunque esas prendas todavía no llegarán a tiendas en varios meses, el mensaje era evidente: “míralo ahora, úsalo ahora”. Más que una simple ocurrencia, se sentía como una prueba de que las ideas de la pasarela estaban volviendo a ser deseables y, sobre todo, fáciles de adoptar en la vida real.
La corbata al revés fue otro ejemplo —pequeño, pero clarísimo— de cómo la pasarela se filtra a la calle. El debut de Jonathan Anderson en Dior incluyó varias corbatas anudadas despreocupadamente al revés. Como dijo Anderson: “Quería una mirada que tuviera una especie de honestidad, una realidad… Quiero que se sintiera un poco liberadora de sí misma, y que pudieras ver a este personaje en París, en cualquier ciudad del mundo.”
Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Cuando finalmente llegue a tiendas, la ropa de Dior será carísima. Tal vez la persona de la corbata —que parecía un creativo de veintitantos en una agencia— no termine comprando nada. Aun así, ese gesto funcionaba como una declaración: una forma simple de mostrar afinidad por el Dior de Anderson. Y también como una señal de que ese giro “anglo-prep” retorcido podría marcar el rumbo de la ropa masculina en adelante.
Esas sandalias de Auralee y el aire de colegial desordenado de Dior estuvieron entre lo más destacado, pero hubo muchísimo más que dejó huella: prendas que parecen destinadas a influir en cómo se vestirá la gente, y también detalles y experiencias que se quedan rondando al volver a la rutina. Entre esos momentos: la interpretación emotiva de Bill Charlap con melodías de su padre en la presentación de “casa de muñecas” de Bode; la sensación de aire fresco dentro de L’Orangerie de Versailles en Jacquemus; y un plato de langosta bañada en aceite de oliva que llegó como recompensa después de un día largo y complicado en Milán. Grandes golpes de efecto de los que se hablará durante meses, y también esos instantes pequeños entre el brillo y el glamour “para redes”, que tienen su propia magia.
Los pantalones de Giorgio Armani

Giorgio Armani convierte lo cotidiano en fantasía: ropa que hace ver y sentir como si se flotara en la vida. En la pasarela, los pies de los modelos casi no tocaban el suelo; así de ligeros se veían esos pantalones de seda, con un movimiento suave y aireado.
La nueva tienda de Umit Benan

En Via Bigli, Milán, Umit Benan abrió una mercería nueva y elegante, con detalles de cromo y caoba. La experiencia se siente como refugiarse en un salón privado: pasar buena parte del día mientras el siempre impecable Benan arma un guardarropa a medida con trajes, caftanes y pijamas exquisitos.
Los peacoats de algodón en Prada

Los shorts entallados se llevaron muchas miradas en Prada, pero las piezas más redondas fueron los peacoats de algodón lavado, en tonos tipo “pavo real”: otro acierto dentro de la línea de prendas exteriores de primavera de Miuccia Prada y Raf Simons.
La nueva bolsa tipo cubo de Auralee

Entre la conversación sobre sandalias y dedos al aire, se robó menos atención de la que merecía: el bolso de hombro de nailon fruncido de Auralee, perfecto en proporción y en un tono cítrico apetecible, rematado con detalles de cuero rosa.
La foto de YSL jugando tenis

El moodboard de Anthony Vaccarello incluía una imagen potente de un joven Yves Saint Laurent jugando tenis en Argelia en los años 50. La fotografía venía dentro de las notas de la colección en el asiento y terminó ganándose un lugar privilegiado como referencia de estilo veraniego.
Balenciaga de Demna

Después del desfile de Alta Costura, quedó oficial: la era de Demna en la casa que construyó Cristóbal Balenciaga llegó a su fin. La exposición de piezas clave de su etapa, en la sede de Kering, sirvió como recordatorio de cómo desafió y cambió la moda de muchas maneras. Como dice el catálogo de portadas de revistas: “La moda tiene que ser radical (de lo contrario, no tiene sentido)”.
Steve Harvey con Amiri

Harvey lo resumió sin vueltas: “El estilo es tan mío.”
Langosta catalana de Trattoria Del Pescatore

Incluso si la Semana de la Moda de Milán terminara siguiendo el camino de Londres —es decir, sobreviviendo con lo justo—, igual valdría la pena volver cada temporada solo por la langosta catalana de este restaurante de mariscos. Es un clásico local que la sirven en porciones generosas desde los años 70, y sigue siendo una de esas paradas que se convierten en tradición.