Los mejores libros del siglo XXI

El siglo XXI está siendo un gran siglo para los libros, por más que las series y las redes sociales nos roben parte de ese tiempo que juramos cuidar. Ya estamos viviendo el “futuro” que imaginábamos de niños y, mira: ni el video mató a la estrella de la radio, ni los robots han reemplazado al ser humano (todavía), ni los videojuegos han acabado con la lectura. Siguen apareciendo buenos escritores y, lo mejor, siguen publicando libros muy buenos de todo tipo: libros de humor para reírse en serio y novelas tristes para llorar sin vergüenza. Quizá lo tuyo sean los ensayos filosóficos para pensar el mundo con calma, o los libros de historia para entender mejor lo que ya pasó. Hay de todo: terror, aventuras, ladrillos de ciencia ficción, ensayos feministas. Si eres un alma sensible, encontrarás poemarios, tragedias desgarradoras, sagas fantásticas, romance, cuentos góticos y memorias inconfesables. También hay libros larguísimos para perderte durante horas y relatos breves que se saborean como un buen vino. Libros que te agarran desde la primera página y novelas con finales redondos, de esos que cierran el círculo con precisión. Aquí va una selección de los que consideramos los mejores libros del siglo XXI (al menos, de lo que llevamos), porque si algo promete este siglo, en lo literario va sobrado.

1) Hamnet — Maggie O’Farrell (2021)

O’Farrell arma una reconstrucción conmovedora alrededor de Hamnet, el único hijo varón de William Shakespeare, muerto en 1596 por causas desconocidas cuando tenía once años. Aquel nombre —Hamnet— resuena en Hamlet, la obra que vendría después, como si la literatura hubiera encontrado una forma de transformar una ausencia en memoria. Pero conviene aclararlo: esta novela no va exactamente sobre Shakespeare, ni siquiera sobre Hamnet. El centro emocional es la esposa del dramaturgo, Anne Hathaway, que aquí aparece como Agnes. La autora se mueve entre la realidad y la ficción con una seguridad admirable, levantando una historia íntima, intensa por momentos, y delicada en su manera de mirar. Hamnet es sutil y bellísima, cargada de matices, y se aparta de los grandes hechos “de manual” para meterse en lo que de verdad pesa: la familia, el afecto, el amor, la amistad, la pérdida y el duelo. Una novela hermosa, punzante y profundamente emotiva; redonda, sin fisuras, y con méritos de sobra para figurar entre los mejores libros del siglo XXI.

2) A propósito de nada — Woody Allen (2020)

Las memorias de Woody Allen llegaron envueltas en polémica (si necesitas contexto, conviene echar un vistazo a la conversación pública alrededor del tema y a entrevistas relacionadas), y aun así aterrizaron con un éxito enorme: desde mayo no se han movido de las listas de más vendidos. Si puedes —o quieres— separar la lectura de las dudas morales que rodean el caso, te encuentras con un libro absorbente: un retrato muy vivo del mundo del espectáculo de las últimas décadas, desde la televisión y la stand-up comedy hasta el cine, contado con una ironía afilada. También deja ver, quizá incluso a pesar del propio autor, la personalidad de una figura cultural que no se explica sin fricciones: su relación con las mujeres, su ego, su necesidad de controlar el relato. Allen practica un ejercicio casi virtuoso de desmitificación de sí mismo, y a la vez dedica muchas páginas a responder con sarcasmo (y poca piedad) a quienes lo han denunciado. El resultado es incómodo y, precisamente por eso, fascinante: seas o no fan de su obra, es probable que después de este libro mires sus películas con otros ojos.

3) El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes — Tatiana Țîbuleac (2019)

Aleksy recuerda el último verano que pasó con su madre… y recuerda el odio. Un odio tan enorme que, dicho por él mismo, llega a asustar. El protagonista es destructivo y manipulador, pero su testimonio tiene una intensidad narrativa tan fuerte que, contra toda lógica, termina despertando compasión. Ese rencor no nace de la maldad gratuita: parece más bien una mezcla de impotencia, incomprensión y una relación frágil, rota a pedazos, con su madre. Su vida está marcada desde la infancia por la muerte, por una familia disfuncional, por el miedo y por el desprecio. La primera novela de la autora moldava Tatiana Țîbuleac es plástica y deslumbrante, llena de color, tan dura como hermosa. A ratos es crudísima, sí, pero siempre con un lirismo arrollador. Poco a poco se va abriendo el pasado de Aleksy, y mientras más avanzas, más quieres entender a este personaje extraño, incómodo, que no se deja querer… y aun así atrapa. ¿Merece estar entre los mejores libros del siglo XXI? Sin duda.

4) Los asquerosos — Santiago Lorenzo (2018)

Parecía difícil, pero Santiago Lorenzo vuelve a superarse. Sus novelas suelen partir de una premisa tan impactante como aparentemente absurda, aunque por debajo siempre hay un discurso mucho más lúcido de lo que uno esperaría entre carcajadas (sí, de ese nivel). Aquí seguimos a Manuel, que tras un incidente grave en defensa propia termina huyendo y escondiéndose en un pueblo perdido. Sobrevive gracias a su tío —narrador de la historia— que le hace llegar compras regulares (sí, del Lidl), y con lo que cosecha y con los libros de la colección Austral que encuentra en la casa donde se refugia, se arma una vida mínima. Y en esa vida, descubre algo que irrita y libera a la vez: que se vive sorprendentemente bien lejos de muchos engaños de la era moderna. Los asquerosos no es solo una comedia brillante. Tiene capas, niveles de lectura, y una mirada reflexiva que se apoya en la prosa riquísima de Lorenzo, sus ideas disparatadas y un desenlace tan suyo que solo se entiende cuando llegas.

5) El ferrocarril subterráneo — Colson Whitehead (2017)

De esos libros que te encogen el corazón. No por gusto, sino por necesidad: cuentan una realidad que no debe olvidarse, y menos cuando los discursos racistas vuelven a asomar sin pudor. La historia sigue a Cora, una joven esclavizada en una plantación de algodón en la Georgia de mediados del siglo XIX, y su huida hacia el norte en busca de libertad. En el camino, Cora se topa con lo peor de la condición humana, pero también con pequeñas grietas de humanidad que le impiden rendirse. El título alude a la red real de rutas, refugios y apoyos clandestinos que ayudaban a escapar a quienes huían de la esclavitud. Whitehead convierte esa idea en una narración poderosa, tensa, que se lee con el pulso acelerado y, al mismo tiempo, con la cabeza despierta.

6) Patria — Fernando Aramburu (2016)

Probablemente el novelón del siglo —por ahora—. ¿Quién no quedó atrapado? ¿Quién no se ha emocionado con las historias de Miren y Bittori, con lo que ocurre alrededor del Xato? ¿Quién no se indignó con los hechos que retratan uno de los periodos más dolorosos y sangrientos del País Vasco, en la parte final del siglo XX? La serie y la novela gráfica funcionan muy bien, pero si todavía no has leído la novela, te espera algo enorme. Y no lo digo solo por sus casi 700 páginas: es que se lee con ritmo de thriller, como si la tragedia empujara a pasar página. Dos familias marcadas por una violencia absurda, por un conflicto que dejó heridas durante décadas. Patria es una obra mayor: intensa, humana, compleja, y con un lugar ganado en cualquier lista seria de mejores libros del siglo XXI.

7) Manual para mujeres de la limpieza — Lucia Berlin (2016)

Con esta antología de 43 relatos autobiográficos apareció ante muchos lectores una autora que era, literalmente, oro. Berlin escribe sobre la infancia con una melancolía sutil pero aplastante; sobre hogares diversos, sobre familia, sobre lo que se rompe y lo que, de algún modo, sigue. Sabe como pocas poner belleza y dolor en la misma frase, con una honestidad que desarma y una ternura que nunca cae en lo fácil. Son historias de supervivencia, de gente golpeada por la vida, de lugares donde el desastre se vuelve rutina… pero donde aun así hay espacio para el amor, la risa, la dignidad, la chispa. Sus personajes pueden estar al borde, pero también son valientes, audaces, vivos. Y, a través de ellos, se completa el mapa vital de una autora única: una escritura que no presume, no posa, solo acierta.

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